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  • Lo nuevo de Balenciaga. Fashion Week Paris 2013


    Pocas veces París se había despertado tan agitado un jueves cualquiera. La iglesia del fashion establisment andaba revolucionada por el debut de Alexander Wang al frente de Balenciaga y hacia las 9 de la mañana se congregaba en un decadente salón parisino para comprobar las dotes de encantamiento del recién llegado. La oratoria estética del diseñador ha renovado la fe de los fieles: Wang es el nuevo pope de la moda.

    El diseñador ha sabido acoplarse a las circunstancias, que no eran nada fáciles: tenía que encontrar el equilibrio –un lugar, más bien– en el que instalarse que no fuera tan sporty como lo es su propia marca, que estuviera fuera de la sombra de la duda de la excesiva inspiración en su predecesor, Nicolas Ghesquiere, y que tuviera que ver con el espíritu del fundador de la marca. Y Wang ha conseguido encontrar el centro imposible de ese complicado triángulo. Un triangulo de amor bizarro, como clamaba New Order.


    La colección de Alexander Wang para el próximo invierno presentada en Nueva York ya daba algunas pistas del camino que elegiría el creador para emprender su senda al frente de la maison. Wang fue Wang, pero la elegancia y la pureza estética de sus diseños alcanzaron cotas nunca antes vistas en una colección suya.

    Los diseños que firma para Balenciaga son, del primero al último, una elipse espacial, un continuo dibujar el futuro mirando al pasado, un fluir de líneas contemporáneas –a veces de ademanes casi futuristas– pero con estructuras, proporciones y patrones que se intuyen tienen décadas a sus espaldas. El blanco y el negro escogidos parecían un ejercicio de contención cromática imprescindible para centrarse en la silueta que se revelaba corpórea, definida, limpia, elegante y tremendamente coherente.

    Wang resuelve la ecuación de Balenciaga siendo fiel a todo lo que el ADN de la marca y el suyo propio le exige, en un ejercicio casi de funambulista. Balenciaga nunca había sido tan Balenciaga. Balenciaga nunca había sido tan Wang.

    Fuente: Vogue